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Pelillos a la mar

A veces una conversación con el viejo es suficiente. A veces con madre. A veces conmigo mismo. Entonces él se marcha, ella lo hizo antes, y me quedo yo, una noche más, con mi quejicoso perro, al abasto de todo cuanto necesito.   Hemos hablado de manera sucinta. Yo más bien. Pues él siempre lo hace a espuertas. Y siento como su manantial acompaña mis pequeños surcos. De algún modo me comprende. Aunque sea desde una lejanía inevitable. Un poco de este y un poco de aquel. Un poco de mí y un poco de él. Quiere regalarle un ramo a madre por su cumpleaños. Antaño era una vieja costumbre que se fue perdiendo, como dice mientras esboza una ligera sonrisa entre nostálgica y bromista. Un ramo de flores y una poesía. Unos pequeños versos en una tarjeta. Así es como lo recuerdo yo hace ya, ciertamente, muchos años. Solía inspirarse bastante entonces, haciendo rimar los versos de manera imposible, y para mí, recuerdo también, se trataba del mejor poeta que nunca había conocido. Recuerdo tam...

La muerte iba en una canción

Es difícil recordar en qué andaba metido hace un par de viernes. Hace exactamente una semana y dos días. Antes de que la abandonase a su suerte. Antes de que, aquella misma noche de viernes, la conociese. Existe un mundo, ajeno a la realidad, donde cientos de personas se dan cada día a un tipo de interacción virtual en salas gratuitas de chat. El único requisito, al parecer, es estar solo. Más solo que la una. Y de esa ausencia y necesidad es de donde proliferan estos sitios. Todos van buscando una correspondencia, inconfesa o no. La mayoría, un escarceo, un ligue, otros dicen aquello de solo pasar el rato, pero ahí están, esperando que se produzca el milagro. De vez en cuando, en el general, te ves a un tipo que requiere a mujer con tacones para que le patee los huevos (ofrece recompensa). O a otro que dice ser médico o profesor y señala la formalidad como un requisito esencial. También muchas mujeres ofreciendo un poco de material pornográfico personal a cambio de alguna ayuda. O m...

Abnegación

 El mundo es bien chungo. Pero uno se levanta y vuelve. A la decepción. Como si nunca hubiese existido. Como si no acarrease consigo una rista de fracasos y fatigas. Como si le quedase algo por ver, o descubrir. Como si la verdad no fuese tan elemental y la farsa estuviese tan extendida. Te pueden llamar infeliz, pero lo cierto es que la verdadera infelicidad solo reside en aquel que se aferra al espectáculo más triste de la humanidad y que no es otro que la insensible simulación de hábitos, de costumbres y de creencias. A nadie le interesa nadie un carajo. Si acaso, se dan a la sociabilidad por un temor de rechazo visceral. Algo que los entrega a formar familias, a enamorarse, a compartir situaciones absurdas, como un partido de fútbol o la Navidad. La cúspide de lo mortecino. La idiotez corriendo como ríos de lava dejando todo yermo a su paso. Y nos damos. A otro nuevo día. A lo enfermizo. A las miradas de hedionda suspicacia. A los conflictos banales. Escondiendo siempre una fla...

CAGED

  En el momento de levantarme hoy, cuando suena el despertador a las 8 de la mañana, me incorporo enseguida, estoy sentado en el borde de la cama, pero soy incapaz de ir más allá. Veo desde ahí los pantalones arrugados en el suelo, las zapatillas, los calcetines, todo con lo que debo ataviarme, pero pienso algo así como, “bueno, aún son las ocho, hasta las once no he de entrar a clase, supongo que podré echarme un poco más”. Los sueños que irrumpen en mi memoria son decadentes. Y lo peor es que me retrotraen experiencias que ya debo haber vivido. Una mujer que se pega a mi cuerpo, que no deseo, que beso, que acaricio sin ningún tipo de entrega en una simulación insípida del romance. Sí, ya lo he vivido. Me recuerda a alguien. Y si lo pienso un poco más, a demasiadas, quizás.   Esto por un lado está bien, me contenta que se me haya revelado en sueños la naturaleza de mi falta de predisposición. Pues estando solo concluyo que es mejor estar así. Pero por otro me avoca a la e...

Como una vida de Hollywood

  - Que dice Brad Pitt que él solo sale con mujeres jóvenes porque las de su edad ya están cansadas de todo y él no quiere aburrirse, lo que quiere es diversión y aventura. Mi interlocutora, que es mi madre, emite un desaire y añade - Será que él no está ya cansado también… - No, pero lo dice como si fuera un niño. - Va, por favor, eso es machismo. Yo me río. Son las declaraciones últimas que le he oído al susodicho y no he podido evitar reírme al escucharlas. - Eso le han dicho también. Añado mientras sigo riéndome. - Y eso que era tu ídolo. Aquí, dejo de reírme. Una madre es una madre por más que el tiempo pase. - Bueno… Me gustaban sus películas y cómo actuaba... Pero esa gente no vive la realidad. Están aislados en una pompa. Normal que no envejezcan. - No envejecerá la mente pero el cuerpo envejece exactamente lo mismo. - Sí, lo mismo será uno que visita la Seguridad Social que uno que vive en Hollywood.   Luego la conversación deriva hacia otr...

Melisa

Hay un lugar, muy recóndito en el mapa, donde una preciosa niña acaba de nacer. Sus padres están entusiasmados. María, la madre, sostiene en sus brazos a tan emblemática criatura, y Andrés, el padre, no cabe en su gozo mientras contempla de pie a las dos mujeres de su vida. Han decidido llamarla Melisa. Y Melisa ahora está muy calmada, pero ha nacido dando bastante guerra. Son unos tiempos bastante extraños. Unos tiempos donde no hay doctor. Una señora con un velo negro se retira de la habitación, por la ventana se ven caer copos de nieve, tan solo una lamparilla de queroseno ilumina la estancia, y los tablones del suelo se escuchan mientras esta visita extraordinaria se marcha. Andrés no sabe qué decir, o, más bien, no puede decir nada. María simplemente no tiene nada que decir; mientras arropa a Melisa entre sus brazos y la mece ligeramente podríamos hablar de lo que siente, pero es simplemente paz. Andrés también, pero es un tipo de paz diferente, atragantada, pletórica, como si de ...

Un pequeño paralelismo

  Hay un hombre que yace en un colchón tirado en la calle. Lo de tirado es un decir, porque ha hecho de ese lugar su living room particular. Así, tiene libros apilados contra la pared, botellas de vino cuidadosamente colocadas, piezas de fruta sobre una mesilla, bolsas con enseres, y cada mañana, se ocupa de levantar el colchón y dejarlo de pie para despejar esa zona viandante. Pero todas sus cosas permanecen allí, esperando a que vuelva. Es un hombre delgado y con gafas, de unos cincuenta años. Con el pelo cano y una perilla acorde. Lleva mucho tiempo en esa situación; cuando llegó, muchos pensaron que sería temporal y se preguntaban de dónde había salido, por qué no tenía hogar. A día de hoy, sigo sin conocer esta cuestión. Tan solo lo miro cuando de camino paso por su lado para ir hacia la zona que está un poco más allá de su particular morada. Nadie lo ha echado. Convive prácticamente día y noche con todos los viandantes que pasean por ahí, con los abuelos y abuelas que se junt...