A la sombra de los días
No sabía qué significaba el despertador esta mañana a las 7. No entendía su mensaje. Y lo primero que tengo noción de haber murmurado hoy es, "esto qué mierda es?". Aún recuerdo vagamente el sueño del que me despojaba en ese momento. Y una canción de amor vino a instalarse en mi cabeza mientras me cepillaba los dientes. Al tomar café con mi madre en el bar entré al mismo para pedirlos y me vi a ese tipo, sobre las 7 y media, comiéndose una especie de brascada o chivito, un bocadillo generoso típico de esta provincia, ya digo, muy temprano. Es un borracho, que a veces me aborda, y cree que soy su amigo aunque, en realidad, no me tiene ninguna consideración. Por eso suelo entrar con cautela, por si está justo en esa esquina. Comienza así mi día. Casi cada día. Llevo a mi madre al trabajo y recorro toda la ciudad desde mi pueblo, que, aunque está cerca, la cantidad de tráfico a veces vuelve el trayecto excesivamente duradero. Alguna mujer me mira siempre en la capital, es el úni...