Poco
Ya lo pongo en una canción, poco que contar. Algunas noches me apetece follar, al menos lo considero. Pero sé que eso trae consigo almas. Mientras mi polla se pone dura, y la zarandeo, mirando algún vídeo, pienso en ese momento que es lo único que deseo. Pero es un extraño fenómeno, porque una vez te corres el embrujo desaparece. Y en este caso queda mi alma. Y no creo que pudiese entrelazarla con la mayoría de mujeres que mi imaginación suscita. Seamos francos, no necesito mucho. A veces pienso que sería ideal, encontrar a esa puta sumisa de mi misma condición. Desatar la lujuria. Vivir apareado. Pero en la vida hay que levantarse. Hay que hacer, aunque sea, ese recorrido hasta la nevera, hasta el baño, y, cuanto menos, salir a la maldita calle. Eso arrasa con todo. Venimos de mundos perdidos que arrastran un sin fin de sinsabores. De discrepancias. Y vamos hacia mundos que se pierden en la inconformidad. Quizás el sexo sea realmente eso, el estado de confluencia entre almas y cuerpos...