Mi experiencia con el Nirvana
Tenía yo unos 25 años. Por aquel entonces estaba enamorado. Algo que nunca se materializó. Y la marihuana ciertamente ayudó. Yo no buscada nada, ni mucho menos algo semejante. Fumaba como quien mata el tiempo y se aburre. Y tenía realmente mucho tiempo que matar, porque la esperaba a ella. Pero ella no llegaba, y la desesperación iba cada vez más en aumento. Aquella isla que me empeñaba en retener y en la cual yo vivía, al margen de todo, como un paréntesis en mi vida, se empezaba a ver amenzada por los azotes de la realidad. Se agotaba el dinero. Se agotaba la paciencia. El mundo empezaba a reclamar mis responsabilidades, y yo, ciertamente, no podía centrarme en otra cosa que no fuese la vida junto a ella que yo creía estaba por empezar. Una tarde de invierno salí a las escaleras en pendiente que había detrás de mi casa las cuales dejaban en frente todo un paraje junto al río. Una porción de naturaleza se expandía ante mí, la poca que queda ya por estos lugares, pero ahí estaba. No puedo recordar ya en qué pensaba exactamente pero la evocación de ella no se manifestaba como pensamiento alguno, sino como un sentimiento. Entonces prendí aquel porro, lo fumé lentamente mientras mis ojos se perdían entre la inmensidad de aquellas vistas, estaba oscureciendo ya, recuerdo que el tiempo se detuvo, entré en todo y todo entró en mí, el único significado era ese. Todo se sucedía al unísono. Como si yo hubiese dejado de existir, era tan solo materia percibiendo la materia. La sensación es difícil de describir pero en ese justo instante crees comprenderlo todo y eso supone una liberación total. Al volver la mirada a la realidad, mientras las cosas vuelven a tomar su ritmo caótico, tuve tiempo de escribirle un mensaje. En él tan solo le puse: "me has curado". Me levanté, doblé la esquina y enfilé el paso hacia mi casa. Mientras me dirigía recibí su respuesta: "ahora te toca curarme a mí". El yugo se estableció de nuevo. Y el derrumbe no tardaría en llegar.
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