Poco
Ya lo pongo en una canción, poco que contar. Algunas noches me apetece follar, al menos lo considero. Pero sé que eso trae consigo almas. Mientras mi polla se pone dura, y la zarandeo, mirando algún vídeo, pienso en ese momento que es lo único que deseo. Pero es un extraño fenómeno, porque una vez te corres el embrujo desaparece. Y en este caso queda mi alma. Y no creo que pudiese entrelazarla con la mayoría de mujeres que mi imaginación suscita. Seamos francos, no necesito mucho. A veces pienso que sería ideal, encontrar a esa puta sumisa de mi misma condición. Desatar la lujuria. Vivir apareado. Pero en la vida hay que levantarse. Hay que hacer, aunque sea, ese recorrido hasta la nevera, hasta el baño, y, cuanto menos, salir a la maldita calle. Eso arrasa con todo. Venimos de mundos perdidos que arrastran un fin de sinsabores. De discrepancias. Y vamos hacia mundos que se pierden en la inconformidad. Quizás el sexo sea realmente eso, el estado de confluencia entre almas y cuerpos que buscan redención. Quizá ahí muera toda mi fantasía. Quizá sea su único motivo. No quiero sexo. Quiero todo. Que es como no querer nada. Y entre todo y nada me desenvuelvo.
Hay muchas cosas que están mal, cada
día, es una corriente continua. Cada institución, cada alegato, está viciado.
Ya no me importa mucho que el mundo corra hacia la estupidez. Y que esta sea su
único reclamo. Estoy bien donde estoy. Apaciguado. Manso y despreocupado.
Escribo esto porque como digo tengo poco que decir. Y así el tiempo cede.
Buscando. Tengo un inoportuno perro aupado a mi pierna que me araña el brazo
con sus patas cada vez que uno de esos truenos restalla fuera. Me dan ganas de
darle una hostia. Bueno, se la di. Una pequeña. Supongo que él tampoco
comprende. Y somos dos con cara de tontos aguardando no sé muy bien el qué.
Definitivamente la mañana no es un buen momento para escribir. También acaba de
sonar el móvil. Es mi sobrino, que hoy le apetece comer. Ahora vuelve la calma.
Solo un par de aviones han pasado, esta vez. Y como hemos demolido el corral y
ahora hay solo un solar grande que da al río y más allá se escucha tan solo un
rumor lejano proveniente de una autopista. Mi perro sigue clavado justo a mi
lado. He decidido acariciar levemente su cabeza. Algunas voces de personas por
la parte delantera de la casa pasan. El verano se cierne una vez más pero hoy
es un día nublado. Aún primaveral. Poco que decir. Y todavía mucho por abarcar.
Comentarios
Publicar un comentario