Melisa

Hay un lugar, muy recóndito en el mapa, donde una preciosa niña acaba de nacer. Sus padres están entusiasmados. María, la madre, sostiene en sus brazos a tan emblemática criatura, y Andrés, el padre, no cabe en su gozo mientras contempla de pie a las dos mujeres de su vida. Han decidido llamarla Melisa. Y Melisa ahora está muy calmada, pero ha nacido dando bastante guerra. Son unos tiempos bastante extraños. Unos tiempos donde no hay doctor. Una señora con un velo negro se retira de la habitación, por la ventana se ven caer copos de nieve, tan solo una lamparilla de queroseno ilumina la estancia, y los tablones del suelo se escuchan mientras esta visita extraordinaria se marcha.

Andrés no sabe qué decir, o, más bien, no puede decir nada. María simplemente no tiene nada que decir; mientras arropa a Melisa entre sus brazos y la mece ligeramente podríamos hablar de lo que siente, pero es simplemente paz. Andrés también, pero es un tipo de paz diferente, atragantada, pletórica, como si de repente una gran fuerza le hubiese sobrevenido desde el interior e incluso temiese por ello perturbar el dulce sueño en que la niña ahora descansa. No podrá hacer mucho más por el momento que preparar una sopa y sentarse en un sillón esperando a que a María le entren ganas de comer. Pero la paz de María es absoluta, prácticamente imperceptible, la mujer reposa junto a su bebé pareciendo que ambas son un único ser. Así que ni siquiera tiene hambre.

Mientras, en el exterior, el viento empieza a azotar los copos de nieve, el sol, con poco protagonismo en un día como hoy, está escondiéndose ya, y los murmullos de algunas gentes se difuminan velozmente. Un duro invierno. Andrés se levanta y echa un ojo a la ventana.

-Parece que ya tenemos encima la tormenta. ¿Seguro que no quieres comer nada?

-No tengo hambre. Estoy bien, no te preocupes.

-Se ve tan frágil…

-Es un bebé…

-Ya… Y tú tan hermosa…

-Qué bobo eres…

El silencio se hace de nuevo. María tan solo mira a Melisa en su pecho con una tierna sonrisa y Andrés se siente un poco orgullosamente necio al aceptar las palabras de su amada. Pero es cuando entonces ella interviene.

-¿Crees que nos encontrarán aquí?

-No hay nada que temer.

-Pero…

-María, no te preocupes por nada.

Son unos tiempos un poco extraños. Donde la vida ha dejado de valer. Y los hombres persiguen hombres, y mujeres y niños indiscriminadamente.

Melisa ha abierto los ojos, su padre y su madre la cuidarán con el mayor de los esmeros. Aun así nadie sabe qué será de ellos.

Comentarios

  1. Un texto precioso a la vez que, desgraciadamente, muy actual.

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  2. Commovedor a la vez que desgarrador y presente

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