Introspección

 

Estoy solo y decido escribir algo. Hablé con aquella mujer que me preguntó qué buscaba yo en aquel chat. “Una amiga, sería genial”, le respondí. Justo antes de marcharse me preguntó qué le diría yo a esa amiga. “Eso sería lo mejor, porque de encontrarla podríamos estar callados sin más”, le dije yo. Y entonces se despidió. Todas se acaban marchando, y da igual dónde sea. Pero llegados a este punto, en el que estoy solo, todos han desaparecido de un modo u otro. Por eso estoy aquí.

 

Ahora mismo podría acostarme, fumar el último cigarrillo y tratar de dormir. Eso no lo haría todo más llevadero pero sería como darme una oportunidad más, un día más, para tratar de amortiguar esto. Por contra decido escribir. Verterlo en un recipiente y obtener una nueva cápsula a través del tiempo. No sé cuánto puede aguantar un hombre solo. Supongo que he sido tonto. Renunciando a todo, pero no me quedó más remedio. Aquellos que se hicieron llamar amigos nunca estuvieron. Aquellas que fueron amantes nunca volvieron. Ahora solo me queda esto. Tratar de desterrar cierta aflicción. Algo que vuelve indeterminadamente, algunas noches. Y que es lo único que nunca termina de irse. Así es la vida.

 

Debo alzar la cabeza, estoy preparado para eso. Debo seguir buscando. Ya no se trata de querer alcanzar la felicidad, algo que ya he proclamado otras veces. Se trata de que esto es imparable. De que no hay freno para la experiencia. Me levanto de mi silla. Camino unos pasos. Trato de no darme por vencido. Trato de escribir. Mientras la noche se muestra completamente apacible mi espíritu se inquieta. No logro sacar mucho de aquí. Me he hablado de libertad. Y vale, he conseguido ciertas cosas. Cosas que ya no se perderán. Como el camino andado tras echar la vista atrás. Pero hay que seguir. No puedes detenerte en la noción de nada. La contemplación del paisaje es el éxtasis. Hay que volver. Volver a las ruinas. Y comenzar.

 

No sé de qué podría hablarle a una hipotética amiga. Aquella mujer me dijo que andaba demasiado sumido en mi introspección. Ni siquiera sé si es eso lo que realmente deseo. Quién lo sabe. Lo que sí sé es que aflicción se ha ido, que el silencio es un regalo divino y que después de haber conseguido socorrer este espacio de tiempo ya va siendo hora de acostarse. Mañana todo vuelve.

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