Abnegación
El mundo es bien chungo. Pero uno se levanta y vuelve. A la decepción. Como si nunca hubiese existido. Como si no acarrease consigo una rista de fracasos y fatigas. Como si le quedase algo por ver, o descubrir. Como si la verdad no fuese tan elemental y la farsa estuviese tan extendida. Te pueden llamar infeliz, pero lo cierto es que la verdadera infelicidad solo reside en aquel que se aferra al espectáculo más triste de la humanidad y que no es otro que la insensible simulación de hábitos, de costumbres y de creencias. A nadie le interesa nadie un carajo. Si acaso, se dan a la sociabilidad por un temor de rechazo visceral. Algo que los entrega a formar familias, a enamorarse, a compartir situaciones absurdas, como un partido de fútbol o la Navidad. La cúspide de lo mortecino. La idiotez corriendo como ríos de lava dejando todo yermo a su paso. Y nos damos. A otro nuevo día. A lo enfermizo. A las miradas de hedionda suspicacia. A los conflictos banales. Escondiendo siempre una fla...