Un pequeño paralelismo
Hay un hombre que yace en un colchón
tirado en la calle. Lo de tirado es un decir, porque ha hecho de ese lugar su
living room particular. Así, tiene libros apilados contra la pared, botellas de
vino cuidadosamente colocadas, piezas de fruta sobre una mesilla, bolsas con
enseres, y cada mañana, se ocupa de levantar el colchón y dejarlo de pie para
despejar esa zona viandante. Pero todas sus cosas permanecen allí, esperando a
que vuelva. Es un hombre delgado y con gafas, de unos cincuenta años. Con el
pelo cano y una perilla acorde. Lleva mucho tiempo en esa situación; cuando
llegó, muchos pensaron que sería temporal y se preguntaban de dónde había
salido, por qué no tenía hogar. A día de hoy, sigo sin conocer esta cuestión.
Tan solo lo miro cuando de camino paso por su lado para ir hacia la zona que
está un poco más allá de su particular morada. Nadie lo ha echado. Convive prácticamente
día y noche con todos los viandantes que pasean por ahí, con los abuelos y
abuelas que se juntan en unos bancos cercanos a parlotear y echar la noche
(sobre todo en verano). Y el tipo me resulta curioso porque está consumido,
varado en ese colchón y aun con todo logra sobrevivir. Es habitual verlo
tumbado con las sábanas enredadas a su cuerpo, durmiendo la mona. O con un
teléfono móvil mirando vídeos de esos de Internet. A los libros no sé yo si les
hace mucho caso. Pero el caso, es que cuando llego a mi casa, y hago lo propio,
y me tumbo en mi colchón, y paso así horas y a veces casi jornadas enteras,
escuchando los rumores de la gente que pasa cerca de mi ventana, no puedo
evitar el pensar en él. En que él también está en esas. Y lo que pudiera parecer
similar pero en una forma mucho más trágica, se ha prolongado tanto en el
tiempo que de algún modo se ha ido normalizando.
No tengo nada que envidiar a este
señor, eso está claro. Pero el otro día pasando por allí, vi que una moza se le
había adherido a su colchón, una mujer delgada también como él. Que ambos estaban
mirando vídeos en Internet. Y aunque la estampa no era muy prometedora, supongo
que cada uno se las apaña como puede.
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