Como una vida de Hollywood
- Que dice Brad Pitt que él solo sale
con mujeres jóvenes porque las de su edad ya están cansadas de todo y él no
quiere aburrirse, lo que quiere es diversión y aventura.
Mi interlocutora, que es mi madre,
emite un desaire y añade
- Será que él no está ya cansado
también…
- No, pero lo dice como si fuera un
niño.
- Va, por favor, eso es machismo.
Yo me río. Son las declaraciones
últimas que le he oído al susodicho y no he podido evitar reírme al
escucharlas.
- Eso le han dicho también.
Añado mientras sigo riéndome.
- Y eso que era tu ídolo.
Aquí, dejo de reírme. Una madre es
una madre por más que el tiempo pase.
- Bueno… Me gustaban sus películas y
cómo actuaba... Pero esa gente no vive la realidad. Están aislados en una
pompa. Normal que no envejezcan.
- No envejecerá la mente pero el
cuerpo envejece exactamente lo mismo.
- Sí, lo mismo será uno que visita la
Seguridad Social que uno que vive en Hollywood.
Luego la conversación deriva hacia
otras cuestiones, y de pronto advierto cómo la comunicación con mi progenitora
es imposible sin que ella saque temas de la infancia. Le hablo de mis recién estrenadas
clases de guitarra a las que llevo varias semanas sin acudir por una lesión en
el dedo pulgar derecho. Y ella en plan: “pues si lo llego a saber cuando eras
pequeño te habría apuntado a música. Pero si es que tú odiabas la flauta. Y en
el colegio era lo único que os daban”. Todo es así, yo creo que lo enfoca mal
pero tampoco se lo sé decir y solo atino a responderle que podía haberme
preguntado directamente en lugar de ir escudriñando. Pero entonces, la
conversación, se seca de plano.
Ella se levanta, y dice que va a por
el perro, para darle una vuelta, pues estamos en la terraza de la cafetería
donde casi cada tarde acudimos a tomar un aperitivo.
Me quedo pensando en esa especie de
retaguardia que emplean las madres, cómo cualquier aspecto de la vida de un hijo
se convierte en un desafío hacia ellas. No hay vía de comunicación posible en
ese plan, así que me quedo solo en la mesa fumando un cigarro.
Las estrellas de Hollywood, ay… He de
reconocer que muchos aprendimos a andar viendo a Brad Pitt en el Club de la
lucha. Pero de ahí a idolatrar a alguien… Maradona en todo caso habría sido el
primero. De niño, esos sujetos, las estrellas, se veían tan lejanas que podías
establecer símiles en aspectos humildes de tu propia vida y reconfortarte con
la idea de que, quizás ellos también, estaban jodidos y la vida les era de lo
más común. Que tenían sus lances, sus derrotas, su resignación, y, en
definitiva, su deambular incierto en un mundo que se sobrevenía desalentador.
Tarde o temprano hay que deshacerse de toda esa mierda. Hoy fui al hospital,
cita periódica y regular, desde luego no somos iguales. Si acaso, hay un atisbo
en que poder reflejarnos. Pero cuando ves a toda esa panda de cojos,
maltrechos, apenados, enfermos y anónimos te das cuenta: las estrellas viven en
el firmamento.
Aquí, en la Tierra, los ladridos de los perros y las voces altisonantes ponen la melodía a unos días que pasan como abriéndose hueco entre nuestros huesos. Yo, soy afortunado, tengo esto. El negocio montado, la suerte de un tipo que solo tiene que sentarse delante de este cacharro y escupir letras. Y no es que me reporte ningún beneficio pero quizás mi beneficio sea el mayor de todos -cuando es-. Ahora que ya es la tarde. Que mi padre y mi madre han tenido su charla vespertina habitual sobre cuestiones de las que no soy partícipe y ni interés tengo en serlo, que me debato entre seguir escribiendo o someterme a los dictámenes del día a día, que trato de abrir mis puertas, que no me rindo ante la inclemencia de la costumbre, miro mi vida y no se parece mucho a algo extraordinario o ejemplar, pero al menos puedo decir que la vivo sorbiendo hasta el último ápice de ella. O que la fumo, más bien. Mientras los cigarros corren, mientras los pasos bullen, mientras el tiempo se esfuma… no es mucho para ti, pero de algún modo, lo es todo para mí.
Comentarios
Publicar un comentario